Ahora todo me parece un fuera de contexto, un listón atado al cuello de un animal ahogado. Temo por esa hora en que el día se hace noche. Temo al parpadeo antes de decidirte a abrir los ojos, bajar los pies de la cama, salir bajo la lluvia.
Soy “El deseo de un vagabundo” en un cuadro de El Hortelano. Corro sobre lava, entierro mis zapatos en un tronco de árbol, permanezco desnuda esperando que te cruces conmigo en el pasillo, para que me sonrías por primera vez y me dejes dormir ahí sobre gramíneas, mientras conservas en los ojos el techo que ya no existe, la ventana abierta está bailando.
Ahora el animal ahogado gime de cansancio, aún después de la muerte. Sólo le bastan tus promesas, tu cariño de náufrago lejos de este horizonte y aún más cerca que nadie que yo también conozca.
miércoles
À côté de la mort
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
2 comentarios:
Eso es cierto... el cuerpo es la palabra... tiene mucho sentido.
Entre un ser y no ser.
Un abrir y cerrar de ojos.
Cada año lo mismo. Viene un poco de frío, un poco de viento. Se juntan y se llevan las últimas luces del otoño, dejándonos ese tapiz de hojarasca y flores muertas.
Publicar un comentario en la entrada