Grito su nombre. Umberto mira hacia mí. Estoy en la cuadra de al frente. Se ve feliz, como cada vez que lo encuentro o él me encuentra, no lo sé.
Cruza la calle, hablamos poco.
Para variar, vamos en direcciones contrarias, creo que de no ser así, puede que simplemente no nos veríamos.
Antes de irse, me abraza fuerte. A veces pienso, mientras lo hace, que es su forma de salvarme de la ciudad y del tiempo.
Ahora, dos árboles a mi izquierda, dos jóvenes tal vez de mi edad. Uno mueve las cuerdas de su guitarra, el otro sopla un saxofón. Me parece hermoso lo que hacen. Casi veo mar y ventanas abiertas llenas de viento. Apoyo mi espalda sobre un tronco delgado, me sorprende que aún queden hojas por caer. Las huellas de mis pies se pierden en el pasto.
martes
Ciertas claves
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4 comentarios:
la ciudad es más bonita con banda sonora
Te busqué por todos lados y te encontré acá, gritando tu silencio mas hondo.
Salud, Pam.
encontrarse es un consenso, por eso siempre que te veo no te busco, nosotras no somos de esos encuentros.
De decirte una canción, la letra la pones tú, firmada con tinta entre violeta y negra...
¿De dónde nos vendrán esas ganas de escribir locuras?
Admiro que puedas hacer un río con tan solo un par de lágrimas.
Todos tus versos, los largos, los cortos, los tristes, los alegres (hay...?, los verdes, los azul claro, los rojo vivo, sin que falte uno, todos los pongo en favoritos.
Aunque luego tenga que pedirte perdón.
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