miércoles

la sonrisa de Cristian y estos años

Aparece cuando más pisas el suelo. Te pincha las costillas y entra de a poquito en tu casa, como un aire fresco intentando hacerte sentir distinta. Si alguna vez fuiste huérfana, sin planeta, sin órbita, en ese mismo instante comienzas a tener familia y un terriorio amable, ideal para dedicarse a la botánica o a conducir veleros. La sonrisa de Cristian puede ser bajo la lluvia, el sol, las sábanas. Es tierna y otras veces dolorosa, como una despedida antes de beber la última copa, tomar el autobús, oírle decir que te ama y que no tarda en ordenar sus libros, para robarte uno de esos besos con sabor a chocolate. Cuando más te gusta es cuando de ella surge una carcajada contagiosa, capaz de acelerar tu respiración, tu vida, todo. También disfrutas de aquella tímida que sólo tú ves, porque del otro lado de la calle se viste de gris el mundo y a ti te gusta el mundo algo violeta, que es cuando él sonríe. La sonrisa de Cristian son dos margaritas; una en cada mejilla y con eso te basta para desear atrapar su corazón, pétalo a pétalo, luego regalarle el tuyo mientras también sonríes. Hay ocasiones en que cierra los ojos, dice tu nombre y hace muecas para contarte que está feliz, que ha llegado a la ciudad lleno de ganas de sonreirte. Ahí es cuando lo abrazas sin decir palabra y te quedas con él.

1 comentarios:

manuel_h dijo...

tierno y acogedor!